El último texto del curso, y el mejor elegido para cerrarlo. Doña Truhana va al mercado con una olla de miel en la cabeza y, por el camino, encadena un razonamiento impecable: vendería la miel; con ese dinero compraría huevos; de los huevos nacerían gallinas; con las gallinas compraría ovejas, y así hasta verse más rica que ninguna de sus vecinas. Cada paso se sigue correctamente del anterior. El único problema es que ninguno ha ocurrido. Entonces se ríe, se da una palmada en la frente, y la olla se rompe.
Es el texto de la semana en que el curso pasa de la gramática a la lógica, y Don Juan Manuel escribió, sin proponérselo, la ilustración exacta de ese paso. La cadena entera de doña Truhana está bien construida: las oraciones son correctas, los tiempos concuerdan, las conjunciones enlazan lo que tienen que enlazar. Gramaticalmente no hay nada que objetar. Y sin embargo el razonamiento entero es falso, porque ninguna de sus proposiciones afirma algo que sea.
Ahí está la frontera que la Guía te va a hacer cruzar. La gramática se ocupa de cómo se combinan los símbolos para formar una oración con sentido; la lógica, de si lo que esa oración afirma es verdadero. Son dos preguntas distintas, y Patronio las resume en una sola frase: el prudente se atiene a las realidades y desdeña las fantasías.
Fíjate, mientras lees, en cuántas veces el texto usa el condicional —vendería, compraría, nacerían, iría— y en cuántas el indicativo. Esa diferencia de modo es, en este cuento, la diferencia entre lo que se piensa y lo que ocurre.

