Cinco días después de derrocar al mago que había usurpado el trono, siete nobles persas se sientan en Susa a decidir qué forma de gobierno debe tener el imperio más grande del mundo. Heródoto sabe que sus lectores griegos no van a creerle —lo advierte él mismo antes de empezar—, porque nadie espera que sean los persas quienes discutan si conviene o no que mande uno solo. En estas páginas vas a leer el primer debate político de la prosa occidental: Otanes defiende el gobierno popular y la isonomía, Megabizo la oligarquía, Darío la monarquía, y ninguno de los tres argumentos es débil. Heródoto no le da la razón a nadie: te da los tres en su mejor versión y te deja pensar. Al leerlo vas a reconocer las categorías con las que Platón, Cicerón y los fundadores modernos trabajarán siglos después, pero todavía en boca de hombres concretos que se juegan la vida en lo que están diciendo. Y al final, cuando la votación se resuelve, aparece una pregunta que el debate no había previsto: qué hace un hombre libre cuando la mayoría decide en su contra.

El primer debate sobre la mejor forma de gobierno
Presentación
