Diecisiete liras, un huerto y una advertencia. Fray Luis de León toma de Horacio el elogio de la vida retirada y lo convierte en otra cosa: no la pose literaria de quien mira el campo desde lejos, sino el alivio de quien ha estado cerca del «mundanal ruido» y sabe lo que cuesta. El poema empieza con una sentencia moral, baja después al huerto plantado con la propia mano, se aparta a mirar desde tierra firme una nave que se hunde, y termina tendido a la sombra, cantando.
Es el texto de la semana en que estudias los determinativos: el artículo, el demostrativo, el posesivo, el indefinido. Pocos poemas los usan con esta precisión. Fíjate en la diferencia entre «aqueste mar tempestuoso» y «el mar» a secas: el demostrativo no describe el mar, señala cuál es, y al señalarlo lo acerca a quien habla. Lo mismo ocurre con «deste viento», «esta carga», «aquel que da más de su cosecha».
Mira después el artículo en la primera lira: «la del que huye del mundanal ruïdo». Ese «la» no acompaña a ningún sustantivo escrito: está sustituyendo a «vida», la palabra del verso anterior. La Guía te dará el nombre de esa operación y te mostrará por qué el artículo es la palabra más humilde y más necesaria de la lengua.
Dos notas de lectura. La diéresis de «ruïdo» y de «insacïable» avisa que esas vocales se cuentan separadas, para que el verso mida lo que debe. Y el corte de «miserable- / mente» entre dos versos es del propio Fray Luis, no una errata.

