Qué tipo de personas pueden ser verdaderos amigos

Qué tipo de personas pueden ser verdaderos amigos
Laelius, De amicitia

Marco Tulio Cicerón
Marco Tulio Cicerón
Sobre la Amistad, 18-24
PDF20 min
Presentación

En este pasaje, Cicerón reflexiona sobre qué tipo de personas pueden ser verdaderos amigos y por qué la amistad es uno de los mayores bienes humanos. Vas a ver cómo la virtud hace posible la amistad y cómo esta supera al mero parentesco, sosteniendo la vida privada y la vida cívica. El texto muestra los dones concretos de la amistad en la prosperidad y en la adversidad, y su fuerza para unir a las personas frente a la discordia. Al leerlo, puedes afinar tu criterio sobre qué amistades cultivar y por qué valen más que las riquezas o los honores.

Comentario de P. Miguel Martínez
0:000:00

Inicio de la Lectio

Escuchar la lectio
0:000:00
18
Pero primero siento esto: que la amistad no puede existir a no ser entre los buenos; y no corto esto a lo vivo, como aquellos que disertan sobre estas cosas demasiado sutilmente, quizá con verdad, pero poco útil para la comunidad; pues niegan que algún hombre sea bueno si no es sabio. Sea así sin duda; pero se refieren a aquella sabiduría que todavía nadie mortal consiguió; en cambio, nosotros debemos mirar a aquellas cosas que están en el uso y en la vida común, no a aquellas que se imaginan o se desean. Nunca diré yo que C. Fabricio, M. Curio y Tib. Coruncanio, a los que nuestros mayores juzgaban sabios, fueron sabios según la norma de ésos. Por lo cual, tengan para sí el nombre de sabiduría, envidioso y oscuro; concedan que éstos fueron varones buenos. Pero ni siquiera esto harán, negarán que esto pueda ser concedido a no ser al sabio.
19
Vayamos pues, como dicen, con una pingüe Minerva (llanamente). Los que se portan así y viven de tal manera que se compruebe su fidelidad, integridad, equidad, liberalidad, y no haya en ellos deseo alguno, libido, audacia, y sean de gran constancia, como fueron aquellos que nombré hace poco, pensemos que éstos también deben ser llamados hombres buenos, así como fueron considerados; porque, cuanto pueden los hombres, siguen a la naturaleza, la mejor guía del vivir bien. Pues así me parece percibir que nosotros hemos nacido de tal manera que entre todos hubiera una cierta sociedad; pero mayor según cada uno se acercase más próximamente. Y así los ciudadanos son preferibles a los extranjeros, los parientes, a los ajenos; pues la propia naturaleza parió la amistad con éstos; pero esta no tiene bastante firmeza. Pues la amistad aventaja al parentesco por esto, porque del parentesco la benevolencia puede quitarse, de la amistad no puede; pues, quitada la benevolencia, se quita el nombre de amistad, permanece el del parentesco.
20
Pero cuánta es la fuerza de la amistad puede entenderse especialmente a partir de esto, porque, de la infinita sociedad del género humano, la cual concilió la propia naturaleza, este hecho se ha contraído y reducido a algo estrecho, de tal manera que todo amor se juntara o entre dos o entre pocos. Pues la amistad no es otra cosa a no ser el acuerdo de todas las cosas divinas y humanas con benevolencia y amor; ciertamente no sé si, exceptuada la sabiduría, algo mejor que esta se dio al hombre por los dioses inmortales. Unos anteponen las riquezas, otros la buena salud, otros el poder, otros los honores, muchos incluso los placeres. Esto último ciertamente es propio de las bestias, pero aquellas cosas anteriores son caducas e inciertas, puestas no tanto en nuestras determinaciones cuanto en la temeridad de la fortuna. Pero los que ponen el sumo bien en la virtud, ellos ciertamente hacen muy bien, pero esta misma virtud engendra y contiene la amistad y la amistad no puede existir sin la virtud de ningún modo.
21
Entendamos ya la virtud a partir del modo habitual de vivir y de nuestro lenguaje y no la midamos, como ciertos doctos, por la magnificencia de las palabras y contemos como varones buenos a aquellos que así son tenidos: Paulos, Catones, Galos, Escipiones y Filos; la vida común está contenta con éstos; en cambio, omitamos a aquellos que en verdad en ningún lugar se encuentran. Así pues, una amistad de tal clase entre estos varones tiene tan grandes oportunidades cuantas apenas puedo decir.
22
En primer lugar, ¿cómo puede ser, como dice Enio, ‘vivible’ una vida que no descansa en la mutua benevolencia de un amigo? ¿Qué más dulce que tener con quien te atrevas a hablar todas las cosas así como contigo? ¿Qué fruto tan grande habría en las cosas prósperas, si no tuvieras quien se alegrara con ellas igual que tú mismo? Y sería difícil sobrellevar las adversas sin aquel que las sobrellevara más gravemente incluso que tú. Finalmente, las demás cosas que se desean son convenientes cada una casi para cosas singulares: las riquezas, para que las uses, el poder, para que seas respetado, los cargos, para que seas alabado, los placeres, para que goces, la salud, para que carezcas de dolor y cumplas con las obligaciones del cuerpo; la amistad contiene muy grandes cosas; adonde quiera que te vuelvas, está al alcance de la mano, de ningún lugar se excluye, nunca es intempestiva, nunca molesta, y así, no usamos, como dicen, del agua, no del fuego, en más lugares que de la amistad. Y no hablo ahora de la vulgar o de la mediocre, que, sin embargo, por sí misma deleita y aprovecha, sino de la verdadera y perfecta, cual fue la de aquellos pocos que se nombran. Pues la amistad hace no sólo más espléndidas las cosas favorables, sino también más ligeras las adversas, compartiéndolas y poniéndolas en común.
23
Por un lado, la amistad contiene muchísimas y grandísimas ventajas, por otro supera ciertamente a todas, porque hace brillar una buena esperanza para el futuro y no permite que los espíritus se debiliten o decaigan. Pues quien contempla a un verdadero amigo, contempla como un retrato de sí mismo. En consecuencia, los ausentes están presentes y los necesitados tienen abundancia y los débiles están fuertes, y, lo que es más difícil de decir, los muertos viven; tan gran honor, recuerdo, añoranza de los amigos los sigue. Por esto la muerte de aquellos parece dichosa, la vida de éstos laudable. Y si quitaras de la naturaleza de las cosas la unión de la benevolencia, ni casa alguna, ni ciudad podría mantenerse en pie, ni siquiera el cultivo del campo permanecería. Si esto se comprende menos, puede percibirse cuán grande es la fuerza de la amistad y de la concordia por las disensiones y por las discordias, Pues ¿qué casa es tan estable, qué ciudad tan firme que no pueda ser derribada desde los cimientos por los odios y divisiones? A partir de esto puede juzgarse cuánto bien hay en la amistad.
24
Cuentan incluso que un tal docto varón agrigentino vaticinó en versos griegos que las cosas que permanecían juntas en la naturaleza de las cosas y en todo el mundo y las cosas que se movían, las estrechaba la amistad, las disipaba la discordia. Y esto, ciertamente, todos los mortales lo entienden y lo aprueban de hecho. Y así, si alguna vez algún deber de amigo se manifestó en afrontar o compartir los peligros, ¿quién hay que no divulgue esto con máximas alabanzas? ¡Qué clamores en toda la gradería del teatro recientemente en la nueva obra de mi huésped y amigo M. Pacuvio, cuando, ignorando el rey cuál de los dos era Orestes, Pílades decía que él era Orestes, para que fuera matado en lugar de aquél, y, en cambio,Orestes, como así lo era, insistía en decir que él era Orestes! Estando de pie aplaudían en una cosa fingida; ¿qué pensamos que habrían hecho en una verdadera? Fácilmente, la propia naturaleza indicaba su fuerza, cuando los hombres juzgaban que se hacía rectamente en otro aquello que ellos mismos no podían hacer.

Fin de la Lectio