San Ignacio despide a Francisco Javier, que se embarca hacia las Indias y no volverá. Los dos lo saben, y ninguno lo dice hasta el final. Pemán escribió esta escena en verso en 1933, y el consejo que pone en boca de Ignacio es casi un manual entero de vida espiritual en cincuenta versos: la vida interior antes que la obra, la meditación de la muerte antes de dormir, el coloquio con la Señora cada mañana, las jaculatorias mezcladas en el trabajo.
Es el texto de la semana en que estudias la transitividad y las formas nominales del verbo, y da abundantemente para las dos cosas. Para la primera: casi todos los consejos son verbos transitivos en imperativo, con su complemento pegado detrás («pídele a Dios», «escríbeme tus andanzas», «llévame en tu corazón»). Y el verso que da título a esta lectio pone el mismo verbo dos veces intercambiando sujeto y objeto, que es la manera más limpia de ver qué significa que un verbo sea transitivo.
Para la segunda, cuenta los infinitivos, los gerundios y los participios: «arrebatado por el afán», «trenzando juncos y mimbres», «se pueden labrar», «poniendo sus manos», «aun siendo gloria». Son formas del verbo que ya no afirman nada de nadie: se han vuelto nombre, adjetivo o adverbio. La Guía te explicará por qué siguen siendo verbo aunque no lo parezcan.
Una advertencia de lectura: los paréntesis son acotaciones, es decir, las indicaciones que el autor da al actor. No las dice nadie en escena.

