Un hombre sale de su casa sabiendo que no volverá. Vuelve la cabeza y ve las puertas abiertas, las perchas vacías, los halcones que ya no están. Son los primeros versos que se conservan de la épica española, y no empiezan con un ejército ni con una batalla, sino con una casa desmantelada.
Esta semana estudias el caso: las diez funciones que un sustantivo puede cumplir dentro de una oración. Pocos textos las reúnen con esta densidad en tan pocas líneas. «Mío Cid Ruy Díaz» lleva una aposición dentro del nombre propio. «¡Gracia a ti, Señor Padre, que estás en lo alto!» es un vocativo puro, la única de las diez funciones que no se relaciona con el verbo, sino con quien escucha. «Sesenta pendones» es complemento directo; «por las ventanas» es circunstancia de lugar; «mis enemigos malos» es sujeto de una oración pasiva refleja.
Y el verso final —«¡Dios, qué buen vasallo, si tuviese buen señor!»— pone en una sola línea un vocativo, un sujeto, un atributo y una condición contraria a los hechos. Es, quizá, la línea más famosa de la literatura española, y es también un ejercicio de análisis completo.
Al leer, marca cada sustantivo y pregúntate qué hace dentro de su oración. Ese es, exactamente, el trabajo de la semana.

