Los egipcios hacen todo al revés de los demás hombres

Los egipcios hacen todo al revés de los demás hombres

Heródoto de Halicarnaso
Heródoto de Halicarnaso
HISTORIAS, Libro II (Euterpe), XXXV–XXXVII
8 min
Presentación

Heródoto acaba de narrar la caída de Creso y el ascenso de Ciro, y de pronto se detiene un libro entero para hablar de Egipto: el río, los cocodrilos, las pirámides, los sacerdotes. El lector moderno suele impacientarse. No debería. Este pasaje —tres capítulos brevísimos— es uno de los momentos más audaces de toda la prosa antigua. Heródoto anota, sin una sola palabra de juicio, que en Egipto las mujeres van al mercado y los hombres tejen en casa; que los griegos escriben de izquierda a derecha y los egipcios al revés, y que los egipcios dicen que son ellos los que escriben hacia adelante; que en todas partes el luto se lleva con el pelo corto y allí con el pelo largo. No dice que los egipcios estén equivocados. No dice que los griegos sean superiores. Anota la diferencia con el mismo asombro sereno con que anotaría la crecida del Nilo. Lo que hace este pasaje al lector es algo muy preciso: le demuestra que las costumbres que él tiene por naturales son convenciones, y que su cultura es una de las maneras posibles de organizar la vida humana. Eso no lleva al relativismo —Heródoto sigue creyendo que la libertad es mejor que la servidumbre—, pero sí lleva a la humildad intelectual sin la cual no hay filosofía verdadera.