Platón
LA REPÚBLICA, Libro II, 357a–362c
12 min
Presentación

Sócrates cree que la discusión ya terminó: Trasímaco, el sofista que defendía que la justicia es un negocio de tontos, se ha dado por vencido. Pero Glaucón no está conforme. No porque piense como Trasímaco, sino porque la victoria le pareció demasiado fácil, y quiere oír a alguien que defienda la justicia por sí misma, no por los premios que trae. Para obligar a Sócrates a hacerlo, se pone del lado contrario y arma el mejor alegato que pudo haber hecho el sofista. Primero, una teoría del origen de la justicia: un pacto entre débiles que no pueden vengarse. Después, un experimento mental que atraviesa veinticuatro siglos: el pastor Giges encuentra en una grieta de la tierra un anillo que lo vuelve invisible, y en pocos días seduce a la reina, mata al rey y se queda con el trono. ¿Quién, con ese anillo en el dedo, seguiría siendo justo? Y al final, dos retratos llevados al extremo: el injusto perfecto, que pasa por hombre de bien y lo obtiene todo, y el justo perfecto, que pasa por malvado y lo pierde todo. De este último dice Glaucón que será azotado, encadenado y, al fin, crucificado. Los Padres de la Iglesia leyeron esa línea con asombro. Fíjate en que Glaucón no afirma nada por su cuenta: formula el desafío que el resto de la República tendrá que responder.

Traducción de Patricio de Azcárate (Madrid, 1872), con la ortografía y los nombres propios puestos al día. Azcárate no escribe los nombres de los interlocutores: los agregamos al principio de cada parlamento para que sigas el ida y vuelta sin perderte. Quien narra es Sócrates; quien lanza el desafío es Glaucón, el hermano de Platón. Un párrafo sin nombre es la voz de Sócrates narrando.